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El Inconsciente. En búsqueda de una explicación científica

Inconsciente

El Inconsciente cognitivo es el nuevo término con el que algunos autores como Froufe (1997) han decidido rebautizar a ésta área de conocimiento. Como tal, el Inconsciente cognitivo abordaría esencialmente el desarrollo conceptual basado en diferentes arreglos experimentales sobre la percepción Inconsciente, la memoria implícita y el aprendizaje implícito. Como vemos el término implícito empieza a ser utilizado en reemplazo del término Inconsciente. Más adelante observaremos qué llevó a esta rebautización del fenómeno.

Pero hablar de este concepto nos remite inmediatamente a su contrario, la consciencia. Son temas absolutamente robustos y vigorosos no sólo dentro de la psicología sino dentro de la ciencia en general, pero quizás por lo mismo, usualmente evadidos, o a veces, enfrentados sin el rigor necesario como para producir conocimiento científico fiable.

El problema de la consciencia

Como ya dijimos antes, hablar de Inconsciente está absolutamente ligado a la otra cara de la moneda, es decir a la consciencia.

La consciencia y sobre todo la «autoconsciencia» empieza a influir en la visión que se tiene del hombre a partir del siglo XVII, con pensadores tan influyentes como Descartes, Kepler o Pascal (Froufe, 1997).

Durante siglos dominó absolutamente la idea del hombre como un ser consciente y racional superior en todo sentido a los demás seres del planeta, pero aún hasta nuestros tiempos la influencia de este par de ideas –conciencia y racionalidad- no ha desaparecido de nuestra cultura científica y tampoco de nuestra cultura en general. Sin embargo, la conciencia no siempre jugó un papel tan importante en la psicología.

Wundt

Por el año 1879, Wundt consideraba que el objeto de la psicología era la consciencia, o mejor, los elementos componentes de nuestra experiencia consciente: los procesos mentales (Caparrós, 1993). Pero la consciencia fue a la psicología como el éter lo fue a la física, en su época. La consciencia no se ve, no se toca, se intuye posiblemente, pero no se reconocen claramente sus propiedades y características.

Sobre las bases del positivismo se decidió olvidar cualquier posibilidad de tratar aquel tema vigoroso pero que, por las circunstancias del momento, no se podían enfrentar con suficiente rigor.

A partir de la revolución conductista se impuso la observación directa de la conducta manifiesta como únicos método y objeto, respectivamente, legítimos de la psicología (ver Froufe, 1985); y ante el fenómeno de la conciencia se utilizo un decoroso mutismo en la mayoría de los casos o se le asumió como un epifenómeno sin mayor relevancia, y en el mejor de los casos, se la consideró como una propiedad particular de la conducta verbal, -denominada por Skinner autoclítica- producto de la historia de interacción con el ambiente social del sujeto (Skinner, 1981; Pérez-Acosta, Benjumea y Navarro-Guzmán, 2001b).

Resurgir de la consciencia

Su resurgir sobrevino posteriormente a finales de la década de los 50 y principios de la década de los 60, la psicología cognitiva retomó el problema de la consciencia pero solo de una manera inespecífica, ya que se tendió a identificar consciencia con mente.

El fenómeno en sí mismo no fue abordado como objeto de estudio per se, pero el mundo psicológico empezó a asumir su existencia y sus posibilidades nuevamente.

No fue realmente sino hasta finales del siglo pasado, cuando empezó a verse un total renacimiento de la consciencia como tema de estudio y no sólo dentro de la psicología sino dentro de las ciencias en general (Rozo, 2002).

En la llamada década del cerebro (años 90) un premio Nóbel biólogo molecular, llamado Francis Crick, desde su ventajosa posición proclamó que el alma (la consciencia) exigía ya, ser abordada desde una perspectiva científica. Obviamente para él, tal perspectiva debía ser liderada por las neurociencias. A partir de ese grito de batalla, se hizo evidente lo que ya muchos sectores científicos venían trabajando, permitió fortalecer líneas de investigación, y que a su vez se apoyará el desarrollo de nuevas investigaciones alrededor de la conciencia, con lo que para el mundo científico y neófito, empezó a ser cada vez más notable la necesidad de plantear el conocimiento de la conciencia.

El congreso

En el año de 1994 (ver Horgan, 1994) se realizó un Congreso sobre consciencia en la Universidad de Arizona, en donde se pretendía presentar de manera interdisciplinar los diferentes aportes al estudio de la consciencia. Allí se reunieron los más avezados investigadores que provenían de la física, cuántica, teoría del caos, la neurología clínica, la filosofía, la neurociencia, la neurocomputación y la psicología cognitiva.

Y así rescatada del ostracismo, la consciencia se pone de moda (Pérez-Acosta, Benjumea y Navarro-Guzman, 2001b) y se funda en 1994 la revista Journal of Consciosness Studies y se recopilan los resultados de las famosas conferencias de Tucson, Arizona (Ver Hameroff, Kaszniak y Scott, 1996 y 1998) que se desarrollan en los años 1994, 1996, 1998, 2000 y 2001, la última realizada no ya en Arizona sino en Suecia.

La consciencia vuelve a ser tema de laboratorio no solo para neurocientíficos, físicos y filósofos sino también para psicólogos experimentales de diversas tendencias (Richelle, 2000 y Tudela 1997). Su gran pregunta está centrada en saber si fenómenos como la percepción, el aprendizaje y la memoria implican mecanismos de consciencia en todo momento y cuáles son esos mecanismos y sus características; o si por el contrario, pueden realizarse tales funciones sin conciencia de las mismas o de una parte de ellas y cuáles serían sus características y los mecanismos subyacentes.

El origen del estudio sobre el Inconsciente

El Inconsciente ha vivido igualmente una historia paralela a su antónimo. Las primeras referencias al Inconsciente de la historia reciente provienen nuevamente de Descartes, quién en su obra «Las pasiones del alma» (Schacter, 1987) observaba que el miedo o las experiencias aversivas del niño quedaban grabadas en su cerebro hasta el final de su vida. Sin embargo, no se elaboraron consecuencias filosóficas de tal fenómeno.

Posteriormente, en 1704, Leibniz desarrolló el concepto de las percepciones «insensibles» o «inconscientes», ideas que no conocemos conscientemente pero que influyen en nuestra conducta. Leibniz asegura explícitamente que en la gente puede haber efectos residuales al formar impresiones sin recuerdo de ellas. Pero ésta es una visión minoritaria en el siglo XVIII ya que los asociacionistas británicos (Locke, Hume, Mill, Brown, Hartley) dominaban el panorama filosófico que se centraba en la discusión de fenómenos conscientes, del tipo de lo que ahora se conoce como memoria explícita.

La filosofía y el Inconsciente

El filósofo Maine de Biran (Schacter, 1987 y Mueller, 1966), publicó en 1804 un interesante tratado titulado «La influencia del hábito en la facultad del pensamiento». Cómo otros antes de él, Maine de Biran cree que el análisis del hábito es central para comprender el pensamiento y la conducta humana pero a diferencia de otros, este pensador elucida una característica del hábito que no ha sido discutida previamente en análisis filosóficos o científicos: después de suficiente repetición, un hábito puede eventualmente ser ejecutado automáticamente sin consciencia del acto mismo o de episodios previos donde el hábito fue aprendido. Así, él percibió que las acciones repetidas son eventualmente ejecutadas con tal prontitud y facilidad que no se percibe la acción voluntaria que la dirige y se es absolutamente Inconsciente de la fuente que posee.

Desafortunadamente los aportes de Maine de Biran no fueron conocidos fuera de Francia y por lo tanto los filósofos del siglo XIX no discutieron sistemáticamente sus pioneras e interesantes ideas[1]. No obstante, fue Johann Friedrich Herbart quién en 1.816 introduce la noción de «ideas suprimidas», las cuales no pueden exceder el umbral de la consciencia pero influyen en el pensamiento consciente.

El interés de la biología por el Inconsciente

A mediados del siglo XIX, algunos fisiólogos y biólogos se interesan por el tema. Por ejemplo, el fisiólogo británico William Carpenter (Schater, 1987), desarrolla el termino de cerebración Inconsciente (Unconscious Cerebration) para referirse a la actividad mental que ocurre por debajo de la consciencia. Sus conceptos derivaron de diversas observaciones anecdóticas y clínicas como la escritura automática de sujetos hipnotizados, e influyeron para que científicos como el fisiólogo vienes Edward Hering (Schater, 1987) en 1870, intentara relacionar psicología y fisiología, y propusiera términos como el de memoria orgánica o Inconsciente. En su obra critica a quiénes limitan sus análisis a la memoria consciente y argumenta que es necesario considerar la memoria Inconsciente que involucra al recuerdo involuntario, el desarrollo de acciones automáticas y procesos del desarrollo ontogénico o heredado.

También por esta misma época surge la influyente obra de Eduard Von Hartmann, que en 1868 publica su «Filosofía del Inconsciente» (Froufe, 1997), quién hace por primera vez una revisión completa de la filosofía alemana a la luz del principio de los procesos inconscientes. Tal obra tuvo una enorme influencia –publicada varias veces y en varios idiomas- dentro de los círculos intelectuales de la época.

Experimentación

Es así como a finales del siglo antepasado se inicia junto con el nacimiento de la incipiente ciencia de la psicología, los primeros escarceos experimentales para estudiar el Inconsciente. Según Froufe (1997), Pierce y Jastrow en la Universidad de Johns Hopkins en 1884, realizan el primer experimento psicológico sobre el tema en América. El estudio versaba sobre la capacidad para discriminar diferencias de presión muy pequeñas en la yema de los dedos. Como resultado observaron que aunque la discriminación parecía puramente aleatoria, estaba por encima del azar. A partir de allí, se iniciaba lo que parecía un prometedor campo de estudio para la psicología experimental, sin embargo vendrían etapas bastante oscuras para el estudio del Inconsciente.

El resurgimiento del Inconsciente

El resurgimiento del Inconsciente debe leerse a través de diferentes denominaciones que empezaron a dominar el panorama científico y experimental: percepción subliminal, procesamiento Inconsciente de la información, codificación preatencional o preconsciente, procesos automáticos, conocimiento procedimental, memoria y aprendizaje implícitos, entre otros.

Uno de estos términos que se ha posicionado es el de implícito -en contraposición a lo explícito o consciente- se ha convertido en el adjetivo preferido para calificar ciertos fenómenos –o parte de ellos- como inconscientes, tales como la percepción, el aprendizaje o la memoria.

Este nuevo aliento del Inconsciente, surgió paralelo pero tardíamente al estudio y aceptación del fenómeno de la consciencia y permitió que se desarrollará un área de investigación que agrupa a diferentes científicos -psicólogos clínicos, psicólogos experimentales, neurocientíficos, neuropsicólogos, etc.- bajo el campo hoy conocido como Inconsciente cognitivo. De esta manera, el procesamiento Inconsciente de la información empezó a ser relevante en el estudio de fenómenos perceptuales, de adquisición de información y de recuperación de la misma.

Decimos que de forma tardía, ya que en medio del nuevo paradigma cognitivo y en su fase inicial y por tanto más radical, aceptar el estudio del Inconsciente (negar la influencia de la consciencia) en los diferentes fenómenos psicológicos sonaba al lastre epistemológico propio del conductismo, contra el cual precisamente, se estaba combatiendo. Es por ello, que en la primera fase de la revolución cognitiva (años 60 y 70) hablar de Inconsciente no era muy aceptable, así se utilizarán eufemismos para referirse a él.

Libro El Inconsciente

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Ficha técnica del libro

  • Autor: Jairo Alonso Rozo Castillo
  • Editorial: Biblomedia
  • Año edición: 03/02/2020
  • Formato: eBook
  • Páginas: 150
  • Precio: 7 dólares
  • Uso simultáneo de dispositivos : Sin límite

Presentación

Es un libro de gran valor científico acerca de uno de los temas más controvertidos de la psicología y de la ciencia en general: el Inconsciente.

En las últimas décadas se ha observado un renacer de la psicología básica y aplicada en el tema del inconsciente cognitivo, en la que hechos y estímulos de los cuales el sujeto no es consciente, influyen sobre su comportamiento desde el aspecto de percepción implícita, aprendizaje implícito y memoria implícita; y los efectos que tiene sobre la educación, la terapia, las emociones y el comportamiento humano en general.

El libro expone el resurgimiento del interés del «Inconsciente» con la nueva denominación de «implícito», y una serie de justificaciones que explican ese cambio de nombre y su aceptación dentro de la Psicología Científica.

La obra aparece en un momento histórico de la Psicología Científica que rescata viejos y controvertidos temas como las emociones, la consciencia y el inconsciente. Éste último, es probablemente el más controvertido de todos desde sus orígenes freudianos, debido a la etérea naturaleza del concepto. Sin embargo, el autor se une al reclamo de Elderlyi (1987) y Froufe (1998) de asignar un estatus científico pleno al inconsciente, con base en evidencias obtenidas especialmente, desde las neurociencias y la psicología cognoscitiva, muchos años después de la muerte del visionario Freud.

El Inconsciente es uno de los más apasionantes temas de estudio para el nuevo siglo y, sin lugar a dudas, el trabajo que le queda a la psicología experimental por delante es mucho, pero apasionante.

La obra es la mejor opción en lengua española para conocer cómo la ciencia psicológica aborda uno de los misterios más apasionantes del conocimiento humano: el Inconsciente. Además, presenta una propuesta original acerca del tema desde un planteamiento epistemológico contundente.

Contenido

El primer capítulo presenta la visión metateórica, la epistemología estratégica, que organiza toda la obra, que parte del concepto de que las ciencias pueden tener más de un objeto de estudio y que pueden enfrentarse éstos por medio de estrategias donde confluyen varias disciplinas.

El segundo capítulo posiciona históricamente el estudio del inconsciente a través de la evolución de la psicología como ciencia. Trata el resurgimiento actual del estudio del inconsciente y su relación con el aprendizaje implícito, así como los principales modelos que han estudiado este último.

El tercer capítulo se enfrenta a la pregunta del «para qué» del aprendizaje implícito y del inconsciente, partiendo de un modelo evolutivo que nos permite posicionar el inconsciente y su verdadero valor en nuestro desarrollo.

El cuarto capítulo se enfrenta al «cómo» y al «dónde» del aprendizaje implícito, utilizando como medio el estudio del mismo en el condicionamiento pavloviano del miedo y sus bases biológicas, como origen de las fobias.

El quinto capítulo analiza las críticas que ha recibido esta área de estudio por parte de diferentes autores, principalmente el Dr. Shanks. Críticas centradas en los problemas metodológicos, la validez y veracidad de las medidas.

El libro concluye mostrando la validez heurística de la dicotomía implícito-explícito, y las posibilidades de estudio que quedan por delante para superar los problemas metodológicos y hacer cada vez más confiables los resultados de los numerosos estudios que se desarrollan en esta área.

Razones para adquirir el libro:

  • Podrá conocer el aporte de la ciencia psicológica en la evolución del conocimiento del inconsciente.
  • Es una original propuesta que desde un planteamiento epistemológico aborda toda el área de estudio del aprendizaje implícito y el inconsciente.
  • Conocerá y entenderá las más prestigiosas teorías que explican el aprendizaje implícito y el inconsciente.
  • Se ofrece una completa perspectiva histórica del estudio científico del inconsciente y las diferentes formas en que se ha abordado su estudio en cada época.
  • Podrá obtener información clara, didáctica y completa sobre las bases comportamentales y biológicas del aprendizaje implícito en el condicionamiento de miedo.
  • Obtendrá la mejor panorámica sobre el Inconsciente y el aprendizaje implícito que se haya recopilado hasta la fecha en español.
  • El libro ofrece la novedosa y original aproximación de la epistemología estratégica para entender el avance científico en la comprensión del Inconsciente.
  • Tendrá un texto básico de consulta que le permitirá estar actualizado sobre los avances en el conocimiento del aprendizaje implícito del miedo y sus posibilidades explicativas de fenómenos tan incapacitantes como las fobias.
  • Es un texto básico de consulta, esencial para docentes y estudiantes de psicología, biología y áreas afines, interesados en la investigación científica del aprendizaje implícito y del Inconsciente.
Libro El Inconsciente

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Caparrós, A. (1993). Historia de la psicología. Ediciones CEAC Barcelona, España.

Froufe, M. (1985). Introspección e Informes verbales en procesamiento humano de información. En Estudios de Psicología. No. 19-20, 135-155.

Froufe, M. (1997) El inconsciente cognitivo. La cara oscura de la mente. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid.

Hameroff, S. R., Kaszniak A. W. y Scott A. C. (1996). Toward a Science of Consciousness. The First Tucson Discussions and Debates. Cambridge, M. A.: MIT press.

Hameroff, S. R., Kaszniak A. W. y Scott A. C. (1998). Toward a Science of Consciousness II. The Second Tucson Discussions and Debates. Cambridge, M. A.: MIT press.

Horgan, J. (1994). ¿Puede explicarse la conciencia? Investigación y Ciencia, noviembre, 105-112.

Mueller, F. L. (1966). Historia de la Psicología. Desde la antigüedad hasta nuestros días. Fondo de Cultura Económica. Madrid. España.

Pérez-Acosta, A. M., Benjumea Rodríguez, S. y Navarro Guzmán, J. I. (2001). Autoconciencia animal: estudios sobre la autodiscriminación condicional en varias especies. Revista Latinoamericana de Psicología, 33, 311-327.

Pérez-Acosta, A. M., Benjumea, S. y Navarro-Guzman, J. I. (2001). La conciencia desde el Análisis Experimental del Comportamiento: Adquisición y transferencia de la autodiscriminación condicional. Tesis de Doctorado en Psicología Experimental. Universidad de Sevilla.

Rozo, J. A. (2002). ¿Existe el aprendizaje implícito en el Condicionamiento Pavloviano? En Sección de Psicología del Aprendizaje, Biblioteca Virtual de www.PsicologíaCientífica.com.

Richelle, M. (2000). El renacimiento de la conciencia: olvidos y omisiones de la historia. Boletín Informativo de la Sociedad Española de Historia de la Psicología, 25, 2-9.

Tudela Garmendía, P. (1997). Ciencia y Conciencia (Discurso de apertura del Curso académico 1997/1998) Granada: Secretaría General de la Universidad de Granada.

Schacter, D. L. (1987). Implicit memory: History and current status. En Journal of Experimetnal Psychology, 13 (3), 501-518.